No saluda
Era niño
Y contigo yaya paseaba
Por los caminos blanco-amarillos
De Piagordo
Los calmos rayos del sol
En el atardecer
Hacían hermosos los deseos
Entonces me decías amorosa
Que había que saludar
Con una sonrisa
Con adioses
Al labrador que tornaba
Con una azada de sudores al hombro
O a las mujeres que descansaban un poquico
Mientras remataba la luz
Como en una iglesia del yermo
Y yo sonreía y movía la manica
Haciendo tal como decías
Para saludar a todos
Y me decías querida abuela
En el paseo amarillento
Cuajado de atardecer
Que a los perros abandonados
Y a los gatos perdidos y a culebras
Y a los lagartos gigantes que atraviesan los caminos
Sobre el duro polvo blanquinoso
De esta tierra
Había que ahuyentarlos
De forma decidida y al momento
Me decías...
¡Ay querida abuela!
Cuando todavía estabas conmigo y con ellos
He vuelto hoy
A pasear en silencio
Por los caminos de la infancia
Los colores amarillos son otros
Colores amarillos
El tiempo ha saturado de imágenes
Mis ojos
Días y noches se han impreso en la carne
Como hierros en llamas
He vuelto hoy
Y he saludado con un trozo de afecto y pan
Con una sonrisa
Al perro abandonado
De ojos bajos
De ojos dibujando miedo y hambre
Le he saludado como a un igual sobre esta tierra
Como a menudo se saluda a los amigos
Como decías yaya que hiciese con los hombres
Le he dado lo que tenía
He vuelto hoy
Y he saludado con caricias verdaderas
Con las caricias que los hombres quisiesen
Y a menudo no tienen
A unos gaticos perdidos y escondidos
Entre las espigas verdes de los trigales
Entre el sol cansado y las amapolas de mayo
Y he dejado que sus zarpicas
Me subiesen por los pies y por la boca
La gata desde el camino me miraba
Más comprensiva que los humanos
Con la sabiduría que los humanos quisiesen
Y con frecuencia no tienen
He vuelto al fin
Hacia las casas
Ligeramente rojizas sobre los tejados
Ya cansado
Cerrando a medias los ojos
Contra un sol lánguido
Me he apartado y he dejado paso
A unas mujeres y a unos niños
Que aprovechaban el último calor del día
Me he apartado maquinal
Dejando el espacio necesario
Contemplando al mismo tiempo con cansera
La extraña forma penumbrosa de las cosas
El deseo apagado de las cosas
Y ya en la honda contemplación
Solamente me ha sorprendido
Solamente me ha angustiado
La voz de un niño que ya me había encontrado
Una voz acusatoria
Un reproche sincero de niño:
¡No saluda...!
Juan Bielsa
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