Sueño con una casa llena de amor,
aunque vacía de otras muchas cosas.
Sueño con una de casa de silencio acompañante,
aunque vacía de infinidad de objetos.
Sueño contigo, amor, dando alma a las estancias,
elevando la vida.
Sueño con la casa de los misterios y de las fantasías
que todo niño o poeta anhelaría.
Sueño con jardines llenos de meditaciones,
frescos jardines de aguas tintineantes, aunque lejanas,
y aunque soñadas,
flores hermosísimas que jamás se ajaron.
¡Ay, mi jardín sin nada, con su línea
soñolienta de montañas
a lo lejos!
Una habitación con ventanas
grandes y paisajes,
visitada por las brisas y los olores
de los montes, o por la luna
deslizándose poética y deshaciendo
sombras en la noche.
Sueño con el silencio de los campos
visitándome y trayéndome la paz.
Sueño con la gran biblioteca, el gran paraíso.
Amplia, con vistas
a los horizontes azulados más hermosos.
Una biblioteca donde la vida pudiese
leer y meditar eternamente.
¡Que vacía estaría!
Apenas sólo habitada por libros de infinito,
en los estantes sólo palabras
supervivientes en el tiempo,
palabras sin vanidad,
para viajar a lo más elevado de los mundos.
Siempre soñé con la gran casa vacía,
el palacio vacío.
Nada en las habitaciones que conservar
o perder, ningún espacio con adornos excesivos,
todo dispuesto para vivir en lo esencial.
Ninguna fruslería, ningún lujo absurdo u ostentoso,
nada que los años humillen
o malbaraten sin respeto.
Sueño con meditaciones hondas,
contemplaciones poéticas y arte surgiendo del silencio,
reflexiones y pasos sobre la claridad de las estancias,
resiguiendo en la tarde
la luz del sol que poco a poco se despide.
Y sueño con conversaciones sin prisas, de otros tiempos,
con palabras cordiales surgiendo desde dentro.
¡Ay la casa celeste, amor, enraizada en las alturas,
con tu frescor de aurora despertando cada día
el jardín sin nada y los umbrales!
¡Ay la casa celeste, vacía, vacía, amor,
llena de luz, orientada hacia lo eterno!
Juan Bielsa