Pintura contemporánea y poesía
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Pintura contemporánea

Todos somos hijos de nuestro tiempo, inevitablemente. Siglo XXI. Imposible sentir, pensar o pintar como en cualquier otra época, incluso cercana.


El camino de la creatividad

Dentro de nosotros late todo el patrimonio acumulado por las generaciones. Nuestra expresión es contemporánea en tanto en cuanto somos conscientes de ese legado y al mismo tiempo nos enfrentamos al reto de encontrar formas que continúen la investigación sobre espacios y realidades, que no sean mera repetición de lo heredado. No cabe aquí la idea de mejorar las obras de arte del pasado, porque ellas representan la maestría de lo bello en un punto concreto de la historia del arte. Se trata de formular nuestra idea del sentido del arte aquí y ahora, y también con una mirada hacia las posibilidades del camino que aún no hemos andado pero que vislumbramos.

Para plasmar lo contemporáneo no existen fórmulas cerradas. Se puede prescindir de las formas reconocibles de la naturaleza, ceñirse al puro gesto y al color sin referencias, formas desenvolviéndose en un mundo concreto que es puro silencio, o bien pueden tomarse fragmentos de formas naturales como pretexto y punto de partida para crear obras que al final son símbolos, atmósferas, creaciones autónomas que conforman un mundo de plena interioridad, formas y vacíos que reconfortan y dan sentido sin saber por qué.


El camino de los símbolos

Aunque el artista no puede ni debe sustraerse a la influencia de la época que le ha tocado vivir, sí puede y debe protegerse contra la sobresaturación de estímulos, para mejor expresar sus potencialidades. Tampoco el artista puede evitar que el mundo objetivo se transparente a través de su obra, de un modo u otro.

En mis trabajos ese mundo transpira a través de un crepitar de puntos y formas, fugacidad de luces. La realidad bulle en cambio constante, los colores fluyen y tintinean. Pero ese mundo que fluye ofrece al mismo tiempo los materiales que el artista necesita para ir más allá y adentrarse en propuestas más estables, para ofrecernos una palanca de meditación que nos proyecte hacia un universo un poco más bello, un poco más pleno de armonía.

En mis pinturas esa pantalla de fondo que se esconde tras los colores que vibran está formada por símbolos, por ideas con voluntad de apuntalar esencias. Y esas esencias de fondo son contemporáneas. Es actual la defensa sin reservas del medio natural y de todos los seres vivos, de la diversidad biológica. Del mismo modo que es fundamental defender la diversidad cultural y lingüística. Es contemporánea la defensa de la paz interior y del sosiego, de la simplicidad, de la contemplación y de la meditación (fuentes de toda paz interna). Es actual la promoción del diálogo entre diferentes culturas y creencias, del respeto completo hacia toda creencia que respete, por ajena que sea a nuestra visión de las cosas. Es contemporánea, o debería serlo, la propuesta de defender, en su inocencia y contra viento y marea, la poesía como herramienta válida para vehicular transformaciones positivas, defender el sencillo y gran valor del ritmo de la belleza y de la libertad respetuosa.


El camino interior

La expresión contemporánea de la pintura no está ligada a una mera reproducción del mundo visible. Los elementos que tomo para construir esa contemporaneidad son aparentemente formas naturales, agua, montañas, grutas, corazones, flores, pájaros... Pero mis montañas siempre carecen de toda referencia real, son montañas que se proyectan hacia lo alto en nuestro interior, ajenas al universo de las condiciones. Luces y sombras son en mis pinturas mero juego, sin referencia alguna a la realidad, su coherencia y su ley es exclusivamente estética e interna. Mis grutas son puro símbolo, podrían ser las estancias infinitas del silencio donde habita la paz. Un corazón podría ser el soporte último de la bondad, de la compasión. Podría ser eso y también otras cosas, tal vez una excusa para una contemplación sin concepto, o una sensación o un sabor o un ritmo, el observador está legitimado para construir su silencio a partir del silencio de la obra de arte, puede recrear su intimidad a partir de colores y formas. O puede descartarlas absolutamente, como no válidas para construir el sentido que busca.


                  Juan Bielsa




 

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